Cómo vivir el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Invoquemos con confianza la misericordia divina que Dios nos ofrece


Luis Delgado Rubio, a la derecha, junto al sacerdote José Serrano Navarro, delegado diocesano de Pastoral de la Salud.

 En el Año Santo de la Misericordia: Cómo vivirlo, bebiendo de la Fuente de la Misericordia, Fuente de la Felicidad, de donde manan todos los Sacramentos. La necesidad de recibir de manera habitual el Sacramento de la Penitencia (la Confesión, para la Reconciliación con Dios y con los hombres), y el Sacramento de la Eucaristía.

Aquí, a continuación, y en el Diario Digital de Albacete


El presidente de la Divina Misericordia en Albacete, Luis Delgado Rubio, apela a la experiencia de amor que todos tenemos en nuestra historia personal para acercarnos a vivir, con confianza y esperanza plenas, el Año Santo de la Misericordia convocado por el Papa Francisco, que empezó el día 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción, con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica Vaticana, y de manera local en la Diócesis de Albacete, el sábado, 12 de diciembre, en la Iglesia Catedral.

Sobre la extraordinaria importancia y significado de este acontecimiento, Luis Delgado ha ofrecido una charla en el salón de actos del Obispado de Albacete, como tema de formación propuesto por la Delegación diocesana de Pastoral de la Salud, a los agentes de esta pastoral, donde presentó el Año Santo de la Misericordia como una oportunidad que no debemos desaprovechar, que nos ofrece Jesús, el Señor, por medio del Papa Francisco, para experimentar con alegría, en primera persona, la acción del amor de Dios, Padre Misericordioso, que actúa y nunca nos abandona; nos ayuda, capacita y nos da fuerzas, también para dar un golpe de timón a la vida.


“Sólo el amor es digno de fe”, afirmó Luis Delgado, citando al teólogo Balthasar. “Tan sólo tenemos que mirar el amor con que están hechas nuestras familias, nuestras ciudades, el mundo, la naturaleza que tanto maltratamos, la inteligencia del hombre. Y todo el mundo ha experimentado el amor: el amor de sus padres, el amor de los hijos, del amigo, del hermano, también en circunstancias difíciles, y es a ese amor al que hay que apelar para que el hombre vuelva su cara hacia Dios y se reconozca en él, e intente ir de cara a lo que es su misericordia infinita”.

“Dios, que sabe mucho más que nosotros y lo puede todo, -resaltó el presidente de la Divina Misericordia en Albacete-, nos ofrece algo que realmente llena el corazón, y es su misericordia insondable, enorme, grande, y es ahí donde el Papa Francisco nos dice que tenemos que introducirnos: en valorar qué es la misericordia del Señor, que nos ofrece a todos y cada uno de nosotros”.

“Solamente con esa misericordia, con esa ternura que todo lo supera, podremos cruzar el umbral de la esperanza, como nos decía el Papa San Juan Pablo II. Sólo experimentamos ese amor si somos conscientes de que el amor ha sido el que nos lo ha enseñado todo en la vida, es decir, nuestra vida tiene que ser amor puro, o intentar que sea amor puro”.

Explicó Luis Delgado, que el amor de Dios es tan grande que nos lo ofrece a través de la misericordia divina, para que podamos alcanzar lo que Él nos da. “El Papa Francisco nos dice en la bula de convocatoria del Año Santo, que la misericordia será siempre más grande que nuestro pecado y que en esa esperanza tenemos que vivir. Es decir, por mal que estemos, por angustiados que vivamos, por enfermedad, situaciones de desprecio, de pecado o de cruz, ahí vamos a tener siempre la misericordia de Dios. Quien espera en esos momentos de situaciones difíciles valerse únicamente de algún recurso propio o de algo de los demás, está equivocado”.
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Ponernos en las manos de Dios y confiar en que su misericordia nos va a llegar
Pero “de nada sirve que invoquemos la misericordia del Señor si no tenemos confianza en ella: necesitamos poner nuestra confianza en el Señor y confiar en que su misericordia nos va a llegar, estemos donde estemos y como estemos”, recordando Luis Delgado, “la gravedad de perder la confianza en la misericordia del Señor, por creer que de nada sirve, lo que puede llevar al rechazo de recibir el perdón de Dios y de su redención, y, en definitiva, a que descubramos la verdad demasiado tarde”.

Por tanto, “no podemos afirmar que Dios es amor, que es misericordia, y pensar que al final todos estaremos salvados. Necesitamos que nuestro corazón se convierta”, aclaró el presidente de la Divina Misericordia en Albacete, refiriéndose también a la eficacia de los Sacramentos del Perdón o de la Reconciliación, y de la Eucaristía, para la conversión.

Asimismo, afirmó que hemos de cuidarnos los unos a los otros y practicar las obras de misericordia, siendo misericordiosos como el Padre, lema del Año Santo de la Misericordia.

“La cruz nos señala que la ofensa a Dios nace de todos y cada uno de nuestros pecados: no cumplir con las obras de misericordia es una ofensa constante a Dios. Pero la cruz expresa también otra profunda dimensión, muy dura y muy difícil: que la verdad es maltratada, que la verdad sobre Dios y la verdad sobre el ser humano es crucificada por debilidad, por oscurecimiento de la conciencia, o por perversión del mal, y esa cruz  representa el daño que el pecado hace al hombre. Por eso, es fundamental que en nuestra vida personal intentemos invocar esa confianza en Dios y practiquemos las obras de misericordia hacia los demás”.

“Es lo que tendríamos que hacer -concluyó Luis Delgado-: volver a poner la confianza en Dios, ser como niños. Tendremos que aprender a ver a Dios como lo ve un niño y recordar el crío que fuimos, confiando en Él. Porque, precisamente, poniéndonos en las manos de Dios podremos alcanzar su misericordia. El regalo que el Papa nos hace convocando el Año de la Misericordia es una ocasión que no podemos perder y que puede provocar en muchas vidas el giro para que podamos de alguna forma cambiar en el futuro”.

El presidente de la Divina Misericordia en Albacete también citó en su charla al sacerdote Segundo Llorente Villa, jesuita, uno de los evangelizadores de Alaska que fue senador en el congreso de EEUU por ese estado. “Decía que lo que más lastimaba al hombre era la pérdida del tiempo, porque Dios manifiesta su misericordia con el tiempo que nos da, y que de lo que más triste estaba era que no había aprovechado ese tiempo para hacer lo que se espera de un cristiano, que es el mayor favor que un hombre le puede hacer a otro: enseñarle a conocer y amar a Jesús”.

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